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Land of Confusion. {Ashley. D.}

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Land of Confusion. {Ashley. D.}

Mensaje por Zachary Ethan Mounier el Jue Feb 02, 2012 1:22 pm

Escalera del diablo. Tres palabras. Ocho silabas. Diecinueve caracteres, contando los espacios en blanco. Una oración. Las ideas acerca de esa frase circulan en mi cabeza. Cualquiera puede pensar en aquellas palabras como un lugar, unos escalones de mármol negro, columnas de fuego y huesos como barandales, un lugar donde el demonio sube a su habitación principal o al baño, como sea me da igual. El caso es que esa es la idea errónea. Estas palabras tienen un significado más allá de la imaginación. Es imposible imaginar la escalera del diablo en sí, pues no es un objeto. Hace calor, mucho calor. Llevo una mano a mi frente y la deslizo para recoger las gotas de sudor que comenzaban a formarse. Odio sudar, me es desagradable. Odio las playeras sin mangas. Odio a los vagabundos. Odio los colores cálidos. Odio el calor. Pero me gusta sentir mi piel ardiendo, como si esta estuviera rodeada de fuego, roja como una braza de carbón. Y lo mejor de esto es que estoy muerto y aunque desgraciadamente no puedo volver a hacerlo, aún sin vida puedo sentir el dolor en todos sus sentidos. Emoción, cualidad, virtud, maldición, sea lo que sea ese sentimiento de dolor es puro, no hace diferencia de raza o sexo, es una emoción libre que ah diferencia del amor es más probable que cada ser humano no la haya experimentando en su forma más pura y adictiva. Nadie puede sostener las palabras acerca que nunca ha sufrido, es imposible. Los seres humanos somos adictos al dolor y a la desesperación, la adrenalina que provoca es la droga que nos envuelve. Todos buscan emociones fuertes, todos hacen las cosas sabiendo que saldrán lastimados, es cuestión de pensar bien para darte cuenta que cada vez que has sufrido ya sabias lo que pasaría. Muchos dicen que el amor y el dolor son cosas distintas, no, no es así. Solo amas para sufrir y sin embargo lo vuelves a hacer, a intentar. Del mismo modo, sufres para amar, no se puede ser feliz si de verdad no has atravesado esas barreras del dolor. Felicidad, un sueño utópico.

27° c. 80.6° F. es la temperatura que la casa y todas las habitaciones mantienen. Hace frio a fuera, el invierno aún es presente y los vientos helados son lo que hacen que la casa mantenga encendida la calefacción. Me gusta el frio, es la temporada del año que mas espero con ansias. Pero el calor es más doloroso, no solo sientes que estas hirviendo también que comienzas a deshidratarte, tu cuerpo se siente pesado y cansado, el oxigeno a tu alrededor comienza a desaparecer hasta que comienzas a sofocarte, tus pulmones se comienzan arrugarse como pasas, no tienes energías, no puedes moverte, no puedes hacer nada y como si estuvieras cansado y con sueño, cierras los ojos. Muerte número quince. Vuelvo a abrir los ojos como si nada hubiera pasado, aun tengo el cubo de rubik en mis manos, miro a mi alrededor y todo sigue completamente normal, esta vez solo han pasado quince segundos para volver y regresar a la ‘vida’. Me preocupa, cada vez es menos tiempo. Me aparto por unos pocos centímetros de sistema de calefacción, siento como la temperatura desciende de los treinta y siete grados a unos…treinta y tre-no, treinta grados, aproximadamente. Aún siento las llamas del sistema de calefacción cerca de mi rostro, el metal que protege es rojo, como una braza de carbón encendida. Las ganas de colocar mis manos sobre ella aumentan, en mi cabeza comienzo a escuchar el sonido que produciría aquel acto. Bssss.

Setenta centímetros es la distancia que me muevo del lugar donde me encontraba a donde ahora me encuentro. Me siento atraído por el calor pero soy demasiado egocéntrico como para destruir mi rostro colocándome dentro de las llamas de fuego. Sujeto mi cubo de rubik con ambas manos y comienzo a desarmarlo, pues terminé de armarlo antes de cerrar los ojos. Me es más divertido desarmarlo que ármalo. Me es más difícil desarmarlo que armarlo. Cierro los ojos intentando no ver la manera que los revuelvo pues quiera o no los movimientos se quedan grabados en mi cabeza como si fuera un disco duro y recuerdo paso a paso, detalle a detalle, todo lo que hice para revolver los cuadros y cuando debo de armarlo sigo el mismo patrón en sentido contrario. Trampa. Lo sé. Es por eso que cierro los ojos, pero parece no tener efecto pues aunque intento mover mis manos al azar en mi cabeza los movimientos se recitan como si fuera un poema. Un giro a la izquierda. Lado centro dos vueltas arriba y una derecha. Lado izquierdo un giro y luego uno horizontal a la izquierda. Aprieto los ojos e intento concentrarme en otra cosa, como los cuarenta y tres grados de la apertura de mi pierna, las tengo cruzadas cada pie debajo del otro y mis brazos sobre ellas aun siguen en movimiento. Y mi cabeza, sigue recitando los movimientos de mis manos, ignorando mis propias órdenes de no pensar en ello.

‘Truck’ Algo truena y me doy cuenta que di un giro inesperado, y que aunque ese podría haber complicado el acertijo del cubo, abrí los ojos y pude verlo, grabarlo y comienzo a pensar todos mis movimientos en sentido contrario hasta dejar el cubo armando nuevamente en mi cabeza. El sonido dejo el movimientos de mis manos, ya no muevo las caras del rubik pensando ó mejor dicho tratando de no pensar en lo movimientos que hacía. Pienso en el sonido, un segundo, dos segundos, tres, cuatro, cinco. En mi cabeza la loca idea de un cubo de rubik humano comienza a formarse, casi puedo escuchar las castillas rompiéndose una por una dentro de mi cabeza, la manera de cómo llevar el pie hasta la espalda comienza a formar una sonrisa en mi rostro. Sacudo la cabeza, he dejado el cubo de rubik caer entre el espacio que dejan mis piernas y dedos comienzan a frotarse uno con otro, sintiendo la necesidad de ensuciarse con algo sabor cobre. Llevo mis manos a mi cabeza cubriendo mi rostro y trato de contener el aliento. Cada vez siento más latente las ganas de acabar con la existencia de personas o mi propia existencia, lo último no es posible, quince veces lo he intentado y aún no lo logro. Necesito hablar con el Dr. Harmon, pero no eh visto últimamente. Intento adivinar el tiempo que ah pasado desde la última vez que intente acabar con mi no-vida. Horas, no. Minutos, pocos minutos. Hace cinco minutos por deshidratación cerca del sistema de calefacción. Antes pasaban días sin sentir esa necesidad, ahora son minutos. No lo comprendo, nunca lo hago. Con cada intervalo menor de tiempo, mi ritmo de conducta psicótica aumenta, aumentando también, mi escalera del diablo.



'Cause it's a bittersweet symphony, this life

Zachary Ethan Mounier
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